El crowdfunding financia cada vez más la investigación en Europa

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¿Quién financia la investigación en Europa? Pues en gran parte el micromecenazgo (crowdfunding). Así lo confirma el estudio Analysis of Emerging Reputation and Funding Mechanisms in the Context of Open Science 2.0 de la empresa Open Evidence, la primera spin-off de la Universitat Oberta de Catalunya.

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El estudio, financiado por la Comisión Europea, detectó que en el año 2014, las 45 plataformas de crowdfunding en Europa —de las cuales 6 son españolas— recaudaron 10.000 millones de dólares a través de la financiación colectiva en toda la Unión Europea. En el Reino Unido, donde este método de financiación tiene más peso, la filantropía aportó 2.000 millones de euros. El estudio de demuestra y analiza el cambio de modelo de la financiación de la investigación en Europa, que vive una mayor implicación social a través del crowdfunding y la filantropía.

Uno de los responsables del estudio, David Osimo, indica que estas nuevas herramientas 2.0 de financiación científica permiten «una selección más flexible de los temas que se han de financiar, al no depender exclusivamente de organismos públicos, y ayudan a sufragar proyectos más pequeños que, por sus dimensiones, no son susceptibles de recibir recursos de convocatorias públicas muy competitivas, como las de la Unión Europea». Añade además que «con la crisis económica, las instituciones disponen de menos recursos y limitan las prioridades de investigación a sus intereses gubernamentales». El responsable de Open Evidence afirma que gracias al crowdfunding «se pueden financiar temas que despiertan sensibilidad en la sociedad», como, por ejemplo, «aquellas investigaciones relacionadas con la salud, que son las que más suelen interesar a las personas que participan en ese tipo de campañas de micromecenazgo».

En referencia a la necesidad de adaptación de los investigadores para obtener financiación en una sociedad en la que la comunicación virtual y las redes sociales ganan cada vez más peso, David Osimo alerta de que «no solo hay que saber investigar, también comunicar». «La comunicación tiene aún mayor importancia cuando hay que convencer a los ciudadanos de a pie para conseguir un buen número de pequeñas donaciones para un proyecto de investigación», reflexiona David Osimo, describiendo lo que viene a ser la «ciencia en abierto 2.0» con relación a la implicación de la sociedad a través de estas dinámicas generadas por las redes sociales. «Los investigadores que tengan una mejor estrategia comunicativa tendrán más posibilidad de obtener financiación», puntualiza.

El estudio concluye que aunque estas nuevas vías de financiación son complementarias a las tradicionales, es decir, a la participación en convocatorias públicas, obligan a la comunidad científica a conectar mejor con la sociedad y el mercado. «Las nuevas fórmulas de financiación permiten analizar si un ámbito temático genera o no interés en la sociedad», apunta David Osimo.

Entre los puntos débiles de la ciencia 2.0 que observan los investigadores de Open Evidence se encuentra la gran fragmentación de plataformas de crowdfunding, hasta el punto que «muchas universidades crean su propia plataforma», aclara Osimo.

El estudio también constató que la gran mayoría de los proyectos científicos que apuestan por financiarse a través de nuevos métodos no alcanzan su objetivo. Pese a ello, Osimo indica que las iniciativas que sí consiguen obtener financiación por estas vías están abriendo un nuevo camino que implica una mayor participación social a la hora de decidir el futuro de la investigación científica. Para el responsable de Open Evidence es necesario tener en cuenta que actualmente «los investigadores dedican meses a preparar sus propuestas para las grandes convocatorias públicas—para intentar obtener financiación— que implican mucho papeleo y tienen un alto porcentaje de fracaso, a diferencia del tiempo que hay que dedicar a una campaña de micromecenazgo que conlleva procedimientos muy sencillos».

El análisis final de la spin-off de la UOC estima que el futuro de la financiación científica pasa por la implicación de diferentes actores, como son los gobiernos, la filantropía y la sociedad en general. «A diferencia de las convocatorias públicas, la sociedad en general tendrá un papel determinante a la hora de juzgar las investigaciones que han de realizarse», indica Osimo. «Para contar con la filantropía o el crowdfunding, los investigadores tienen que acercarse al mundo del emprendimiento, tienen que convencer por el contenido y no perder tiempo en burocracia», aclara.

Imagen Nagy-Bagoly Arpad / Shutterstock

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